Los inmensos portones de hierro forjado de Blackthorn Manor se abrieron lentamente, como las fauces de un león permitiendo la entrada a un intruso diminuto.
Julian Vance iba sentado en la parte trasera del sedán negro que la familia Lombardi había enviado a recogerlo a su apartamento. Observaba el paisaje a través del cristal tintado mientras el vehículo avanzaba por el largo y sinuoso camino de grava, flanqueado por árboles centenarios que parecían centinelas en la oscuridad. A cada metro que