Mundo ficciónIniciar sesión—¡Es que lo voy a matar! ¡Lo voy a asfixiar así… así con mis manitas! —rezongaba Nina mientras entraba como un volcán en erupción por la puerta de la casa parisina.
Los trillizos se quedaron más fríos que tres bloques de hielo, pero Kolya vio cómo Katerina curvaba levemente los labios tratando de disimular la sonrisa.
—¿Qué pasó? ¿No cedió el príncipe?







