Me despierto agitada luego de otra pesadilla, hacía días que no tenía, voy a mi cajón en busca de mis pastillas, y no tengo hay que ir con el doctor por más de ellas.
Voy a la ducha y lo hago rápido. Salgo de la ducha con el pelo mojado. La toalla cubre parte de mi cuerpo y llevo una en mi cabeza. Aplicó algunos productos del pelo y seco como de costumbre. Los brazos me duelen, pues es muy abundante. Mi pelo me quedó viéndolo y tocó las hebras.
—¿Por qué eres tan rojo? ¿Tal vez significas algo?