Punto de vista de Astrid
Estaba sumergida en agua tibia, con la cabeza apoyada contra el borde suave de la bañera mientras el vapor se enroscaba perezosamente a mi alrededor. El aroma a lavanda y aceite de rosas llenaba el aire, destinado a calmarme, a suavizarme. No funcionaba.
Mi mente se negaba a quedarse quieta.
El rostro de Aiden volvió a aparecer, sin ser invitado. La forma en que me había mirado la última vez que hablamos: reservado, indescifrable, distante. La imagen se transformó en otra: él saliendo de su oficina con ella. Mis dedos se tensaron bajo el agua.
Cerré los ojos y sacudí la cabeza para alejar el recuerdo.
No debería pensar en Aiden; debería pensar en cosas más productivas. Como Rowan. El progreso que estaba haciendo con él.
La tierra. El préstamo. El colapso inevitable. Ese era el pensamiento que me estabilizaba, la única cosa que me daba un sentido de propósito que no parecía aire prestado. La venganza era simple. Limpia. No exigía vulnerabilidad. No te traicio