Astrid
El pensamiento se quedó en mi mente como una píldora amarga mientras caminábamos hacia la multitud de la mano, mientras todos me miraban como si yo fuera una especie de trofeo que su Alfa había ganado, mientras los flashes de las cámaras casi me cegaban.
Estaba segura de que Aiden no había venido conmigo porque me estuviera eligiendo. No había esperado abajo porque su corazón de repente se inclinara hacia mí. No era tan ingenua como para creer eso, al menos ya no. Lo había hecho por la manada. Por las miradas atentas, las cámaras, los susurros. Porque yo era la Luna oficial, la mujer que encajaba perfectamente en la imagen que necesitaba proyectar ante los demás.
Era por la imagen pública, por el deber, por las apariencias.
Ese pensamiento hizo que mi corazón se apretara con fuerza en el pecho.
Aun así, forcé una sonrisa cuando los flashes me dieron en la cara, curvando los labios con gracia como si perteneciera exactamente al lugar donde estaba. Porque, eligiera él o no, yo