Astrid
Me incliné hacia adelante en mi silla, los codos apoyados en la superficie pulida de caoba de mi escritorio, mis pensamientos volviendo a la visita de Alana a mi habitación la noche anterior.
Todavía podía ver su expresión engreída con tanta claridad que parecía como si estuviera de pie en la habitación otra vez, con los brazos cruzados, esa irritante sonrisita grabada en su rostro como si el lugar le perteneciera.
Mi estómago se retorció ligeramente al recordarlo, mi puño se cerró de re