Punto de vista de Astrid
Un escalofrío se deslizó por mi piel mientras Aiden terminaba de exponer su advertencia. No eran solo las palabras, era la forma en que las decía. Con un tono calmado de certeza absoluta.
Había algo en Aiden Drakye que resultaba profundamente inquietante. Su presencia no solo llenaba una habitación; la dominaba. Su voz no solo imponía autoridad, sino que infundía miedo. Del tipo que se filtraba en tus huesos y permanecía mucho después de que el sonido se desvaneciera. Del tipo que hacía que incluso los hombres más fuertes bajaran la mirada y reconsideraran su próximo movimiento.
En mi interior, lo sentía. El frío.
Se enroscaba con fuerza en mi pecho, como una hoja presionada lo suficientemente cerca como para recordarme que estaba allí.
Pero por fuera, permanecí calmada. Impasible. Quietud absoluta.
Si había una lección que los últimos tres años me habían enseñado, era esta: nunca dejes que tus emociones se muestren. Las emociones eran debilidades, y las debi