Las mujeres apretaron los dientes y se dieron la vuelta sin poder contestar nada más, aunque no faltaron las ganas de seguir contestando a Julián.
—¡Ya está decidido! Voy a cuidar a mi nieto como si fuera de oro —dijo muy decidido, acercándose al niño—. Es una belleza, no quiero que te vayas, quiero te quedes a vivir aquí.
—¡No sueñes con eso, padre! Lo que menos quiero es tenerte viviendo conmigo, ¡ni siquiera podré besar a Lucía! —Respondió Alexander completamente agitado—. Quiero vivir con m