Un nuevo día comienza y ese pequeño cuerpo que está sobre mí como si fuera una garrapata me hace despertar con una sonrisa feliz, pero con una tremenda erección en la cual se está restregando.
Me remuevo un poco para ver si me la quito de encima e ir al baño a descargar esta necesidad casi animal de poseerla.
—Mierda, Savannah. Me la estás haciendo muy difícil—siseo entre dientes, mientras me dejo masajear.
—Hoy tenemos hora con la doctora Sutton, niño bonito. Puede que mañana no quieras decir