No estás sola.
Desperté abrazada por un oso gigante, sus leves ronquidos me hacían cosquillas en el cuello y su fuerte agarre a mi vientre me saca una sonrisa boba, al final mi angelito era más compresivo que yo y no me había pedido nada, pero deberíamos hablar, tenía muchísimo que contarle y era lo justo.
Me removí solo un poquito y él volvió a apretar mi cuerpo, pero lo que más risa me dio fue la creciente erección que golpeaba mi espalda.
—James… James, me estás asfixiando.
—Mmm… Déjame seguir soñando cont