—Sabía que no aguantarías las ganas de saber todo, eres tan predecible, Vannah —sisea como la serpiente rastrera que es y q me perdonen esos ofidios por hacer una comparación con ellos, pero ver como mueve su lengua en esa boca que querría moler a golpes, me asemeja a esos hermosos animalitos.
—No soy tonta, Ariel— digo de forma suace y cssi melosa, para buscar en su actitud sus puntos débiles y ¡Bingo! Ahí está el primero porque empieza a pellizcar sus manos y baja la mirada—, pero ya que quer