Estoy entrando en el centro correccional metropolitano de Nueva York, afuera me esperan mi niño bonito y Lamas, ambos no quisieron dejarme sola en esto, pero como sólo podía entrar una persona y la que había sido autorizada era yo, no les quedó de otra. Además, era difícil que ese tipo me hiciera algo, ¡Dios! estaba frente a una de las cárceles de máxima seguridad en este estado.
Mi sorpresa fue mayor, al encontrarme en la sala de revisión con Thomas y el abogado de ese hijo de puta.
—Señorit