SABRINA
Los días fueron pasando y con ellos las noches que había aceptado cenar con Piero.
A decir verdad, con cada velada que compartíamos, las cosas iban siendo más complicadas para mí porque ese hombre era encantador. Estar cerca de él y no sentir cosas, resultaba imposible.
Aun así, seguía resistiéndome a los encantos que evidentemente utilizaba para hacerme cambiar de opinión.
El jueves había llegado y con Piero le prometimos a Alison que iríamos al aeropuerto por mis amigas y familia. Él