PIERO
Al final de todo, los demás se retiraron dándonos nuestro espacio para que pudiéramos despedirnos.
—¿Estarás bien? —le pregunté y afirmó—. Creo que llegó la hora.
La abracé con fuerza y besé su frente.
—Te amo —susurró y besé su boca.
—Yo te amo aún más. —Oímos el último llamado para su vuelo a España y con un hondo suspiro y lágrimas en sus ojos, se volteó y comenzó a andar hacia la zona de embarque.
Dio unos cuantos pasos, y se giró a mirarme. La saludé con la mano y ella hizo lo mismo,