PIERO
Conduje como un loco hasta el juzgado del distrito, llamando a Leo en ese ínterin para que nos viéramos allí. Las cosas las hice de manera acelerada, firmando aquellos malditos documentos como hace tiempo debí hacerlo. Con mi libertad en mano, salí como alma que lleva el diablo del recinto, bajando los escalones como un poseso para llegar al coche e ir por mis cosas al apartamento. Cuando estuve a punto de subir, sentí una mano tomar mi antebrazo, deteniendo mi exabrupto por unos segundos