SABRINA
Corrí hacia Alison, quien me abrazó de inmediato y me arrastró hacia su alcoba.
Las lágrimas no se detenían por la rabia que me causaba el actuar de Jason.
¿Quién demonios se creía para llegar y hacer las cosas que se le daban en gana?
—¿Qué quería, Sabrina?
—Según él… —comencé, sorbiendo mi nariz y secando mis ojos, sentada en el bode de la cama de Alison—, comprobar que nunca lo olvidé, como él no me olvidó… —respondí.
—¡Desgraciado! —bramó cabreada y asentí.
—Intentó besarme… aquí, b