Sabrina llegaría apenas en la noche, por todo lo que implicaba los detalles que debía revisar con sus hermanas. Para entonces, había preparado la cena y puse a enfriar un vino dulce para acompañar las pastas que cociné. No era demasiado bueno en la cocina, pero aun así, me había esmerado para sorprenderla y seguí una receta fácil que Leo me envió al correo. Hubiera sido más fácil buscarla en Internet, pero sabía que me desesperaría y hubiera perdido mi tiempo, así que se lo pedí directamente a