PIERO
Levanté la mano, arrugando el papel y Sabrina se abrazó a sí misma, sollozando de nuevo.
—Entonces, ¿qué pasó?
Suspiré con fastidio y me acerqué hasta ella para envolverla entre mis brazos.
—Lo averiguaremos, Sabrina. Te lo prometo. —Levanté su rostro con mi mano y sequé sus lágrimas con mis dedos—. Aunque, me siento un poco decepcionado… —susurré porque tomara tan a mal haber amanecido a mi lado y con un acta de matrimonio en mano. Ella me vio con culpa.
—Lo lamento, no quise culparte.
—