El nudo en la garganta no me permitía hablar.
¿Sustituta? ¿Era eso lo que yo deseaba?
Siempre imaginé un amor hermoso, pero la propuesta de amor que me había hecho Eliot era conocer el infierno.
—¿Puedo irme?— dije un hilo de voz, pero no recibí repuesta hasta que sentí como algo caliente caía sobre mi, retrocedi enseguida, Mía había derramado su café sobre mi cabeza.
—¿Que dices?— soltó una risita, la mujer se veía aterradora, entonces lágrimas salieron de mis ojos—. ¿Estás llorando? ahora d