Diana llegó a la casa de sus padres y observó a su madre demasiado tranquila para la situación.
Permanecía sentada en el sofá, en una postura muy recta, como si se encontrara en una casa ajena y no quisiera acomodarse demasiado.
No la miró cuando entró, ni siquiera cuando le habló.
—Mamá… ¿Mamá? —repitió y hasta que no se sentó a su lado es que la mujer se mostró consciente de que no estaba sola.
—Yo sé que no fue un buen padre, pero él no quiso que te destruyeran de esa forma ante las cámaras.