Diana miró a Alexander, él se había quitado la corbata, la chaqueta de su traje y comenzó a desabrocharse la camisa.
—Señor guapo, la que va a desnudarse para ti soy yo, no te apresures —bromeó e intentó borrar de su mente todo lo ocurrido esa noche.
Alexander la miró y se detuvo.
Su expresión era la de un niño al que regañaban y no le dejaban obtener lo que deseaba.
—Solo quiero ponerme cómodo para disfrutar del espectáculo, no seas tan dura conmigo, no todos los días la mujer que uno ama deci