La mañana llegó y que los niños la vieran salir de la tienda de su padre no resultó cómo esperaba.
No hicieron ningún comentario y todo el tiempo estuvieron serios.
Alexander fingía que todo estaba bien frente a ellos, pero cuando Diana intentaba hablarle, él solo gruñía y la dejaba con la palabra en la boca.
—Aprovechemos el último día antes de regresar a casa —dijo Alexander y les informó de que esa mañana harían un poco de canotaje—. A Gabriel y a Nathan les encanta —comentó para información