Una semana.
Esa había sido la fecha que Alejandro puso para la boda, y todo comenzaba a marchar con mucha prisa, porque a pesar de que solo contaba con una semana, bastó con una llamada para que los preparativos de la boda entraran en marcha.
Daban comienzo los preparativos ahora que encontró a la novia y aún no llegaban bien a casa.
Cuando Ariel vio que se acercaba nuevamente a esa mansión, mordió sus labios y agachó la mirada.
En la puerta la esperaban la señora Fendi y su hija menor, Annie.