—¡¿Qué diablos fue lo que hiciste?!— Su voz se escuchó por toda la casa, los niños no estaban allí, solo Alessia y Marco—. ¡Ni siquiera me dijiste a mí dónde dejaste a esa mujer! ¿Cómo fue que pudiste hacernos eso? ¡Ya lo teníamos! —
Sentada en el sofá, Alessia lloraba en silencio. También se sentía pésima, pues había dicho a Alejandro donde se encontraba aquella mujer, cuando ya lo tenían en sus manos, casi haciéndolo caer.
Se vio sin salida, acorralada. No tuvo más remedio.
Contra aquel secre