Eran las once de la mañana cuando Fabio se despertó. Su cuerpo aún pesaba por la resaca de la noche anterior y el cansancio acumulado. La fiesta había sido un desastre, y no precisamente por falta de organización. La inesperada aparición de Ariel lo había cambiado todo. Ella había llegado como un torbellino, sacudiendo a Alejandro y dejando un rastro de confusión y tensión tras su partida.
Con un suspiro pesado, Fabio se levantó de la cama. Caminó desnudo hacia la cocina, frotándose los ojos y