La música seguía resonando en el salón, pero para Alejandro, todo lo demás había quedado en un segundo plano. Su mirada estaba fija en Ariel mientras ella bailaba con ese hombre desconocido. Intentó procesar lo que estaba viendo: ella estaba allí, en su fiesta, después de meses sin verla, como si nada hubiera pasado. Y peor aún, lo ignoraba completamente.
Cuando Ariel se dio la vuelta en el baile, Lucía Moretti apareció, siempre atenta a los momentos de vulnerabilidad.
—¿Esa es Ariel? —preguntó