El coche estaba aparcado donde siempre, su habitación estaba cerrada y Migo estaba en el salón, acostado en su pequeña cama junto al sillón.
Todo estaba en orden, excepto una cosa.
Las maletas estaban en la puerta, Ariel estaba lista, pero Norman no estaba.
Tocó a la puerta de su habitación otra vez, pero estaba casi segura de que Norman no estaba en casa. Con el teléfono en su mano marcó a su número, este no respondía, era la cuarta llamada que le hacía.
—¿Dónde estás, Norman? — se preguntó en