Alejandro, finalmente libre de las cadenas de una condena injusta, la alegría que sentía no se comparaba con nada, porque sus hombros se sentían libres, salvo por los pequeños pendientes que aún le quedaban.
Parecía no poderse librar de todo de una vez. Y estar yendo de a poco lo iba torturando mucho, pero no podía hacer nada al respecto, seguir paso a paso.
Se encontraba en su amplio estudio, rodeado de los lujos y comodidades que siempre había conocido, pero que ahora parecían tener un brillo