Valeria
Después de haber llegado tan abatida a la casa de mi sugar daddy, ahora me encontraba en su bañera, con las piernas abiertas, entregándome por completo mientras él exploraba con su lengua cada rincón de mi intimidad.
A pesar de la vergüenza que me invadía, era imposible resistirme a sus encantos. Marcelo sabía exactamente lo que hacía, y yo me hundía cada vez más en un frenesí abrumador. Cada vez que su lengua rozaba mi centro, mi cuerpo se tensaba, el deseo me consumía y me volvía más