Punto de vista Marcelo
Cerré la puerta detrás de mi madre. Aunque en los últimos días se había comportado de maravilla conmigo, la tensión entre ella y Valeria era palpable. Suspiré, con mi hija en brazos, y me dirigí hacia mi prometida.
—¿Estás bien, mi amor? —Le acaricié la mejilla. Valeria levantó la mirada, algo ausente.
—Sí, Marcelo, pero aún no entiendo por qué tu mamá me odia tanto. ¿Sabes por qué? —Su pregunta me puso nervioso, no tenía una respuesta clara.
—Valeria, no digas eso, mi a