Rocío preguntó esto cuando miró que Mateo se metió en la regadera con todo y ropa. Él no respondió nada y se puso detrás de ella.
Sus brazos la rodearon y ella se sintió totalmente a salvo en los brazos de este hombre; era como si fuera su hogar.
—No estás sola, no lo vas a estar nunca más.
Rocío lloró y se aferró a los brazos de Mateo, su rostro se contrajo por el dolor y las lágrimas comenzaron a mezclarse con el agua de la regadera.
—Esto es mi culpa —ella habló con voz quebrada —. No le di