Mateo giró el rostro hacia ella, sin apuro. Una mirada dulce era dirigida hacia Rocío; aquello era como si no quisiera dejar de verla ni un solo minuto.
—Vi a alguien que, a pesar de todo, no se rendía. Pude sentir que estabas rota por dentro, pero seguías ahí, luchando. Y no sé… tal vez me vi un poco en ti.
Rocío tragó saliva, como si sus palabras se hubieran quedado atascadas en el pecho.
—Yo no me sentía fuerte —admitió—. Me sentía… como si todo lo que era se hubiera ido con la muerte de mi