Él se sentó a mi lado y me rodeó con los brazos. Y yo me dejé ir. Como un muro que se derrumba al mínimo contacto, me deshice en su abrazo. Lloré en silencio, con la cara escondida en su pecho, mientras él acariciaba mi cabello y susurraba palabras que no llegaba a entender del todo. Solo sentía su calor. Su cercanía.
Y en ese instante, por más breve que fuera, sentí que quizá no estaba tan sola como pensaba.
Zayd aún me sostenía entre sus brazos cuando sentí que ya no podía seguir guardándolo.