La luz suave del amanecer se filtraba por las cortinas, envolviendo la habitación en tonos cálidos. El silencio era espeso, como si el mundo aún no se hubiera despertado del todo.
Mateo abrió los ojos lentamente. Aún estaba acostado, en la misma posición de la noche anterior, como si no se hubiera atrevido a moverse. A su lado, Rocío lo observaba en silencio. Ya no dormía. Su expresión era serena… pero había algo más en sus ojos: decisión.
—Buenos días —dijo ella, su voz baja y ronca por el sue