Sentí un frío que no venía del aire, sino de adentro. Cerré el cuaderno de golpe. El silencio del desván se volvió espeso, denso. Como si al abrir esa caja hubiera soltado algo que llevaba años dormido. Algo que no quería ser despertado.
Bajé con el diario contra el pecho, sin saber qué hacer. ¿Contárselo al señor Mateo? ¿Preguntar? No… aún no. No sin entender mejor lo que había leído. No sin saber a qué se refería Sofía. Esa nota podría ser paranoia… o una advertencia. Y yo ya no sabía en qué