Sophie estaba sentada sola en la habitación oscura, con los dedos temblorosos mientras escribía. La pantalla de su teléfono se volvió borrosa y las lágrimas estaban a punto de caer, pero no se lo permitió. El peso de sus decisiones le oprimía el pecho.
"Lo siento mucho", escribió, y cada palabra parecía una mentira. Necesito arreglar esto. Por favor, ayúdame.
Lo pensó un buen rato, mirando el mensaje. El corazón le latía con fuerza, pero se dio cuenta de que era su última oportunidad. No había