"Destrozaremos esta ciudad si es necesario", declaró Callum, con voz baja y gruñona, mientras observaba a sus compañeros. Miró a Elias, quien asintió con tristeza. Juniper estaba a su izquierda, con la frente fruncida por la preocupación, pero los ojos llenos de fuego.
"Cada pista, cada calle, cada esquina... nada está prohibido", dijo Callum mientras trazaba las líneas del mapa con las yemas de los dedos. "No pararemos hasta que lo tengamos".
La voz de Juniper era firme, pero tenía cierta pesa