Rhett estaba sentado en la oscura trastienda de un edificio ruinoso, con las manos cruzadas y los ojos brillando con una intensidad aguda y calculadora. El aire estaba cargado de emoción mientras pensaba en sus intenciones. Había aprendido una cosa de sus errores pasados: no podía lograrlo solo. Quería a alguien nuevo, alguien que pudiera desmantelar lo que Callum había logrado con tanto esfuerzo.
El teléfono que tenía en la mano vibró y sacudió la mesa. Contestó enseguida, con voz baja y llena