La sala estaba llena y se notaba la tensión. Callum estaba sentado al frente con la mirada perdida, pero sus manos aferraban con fuerza los brazos de su silla. Mientras Elias se acercaba al estrado, los susurros de la multitud se acallaron.
Celia, sentada frente a mí, parecía muy segura de sí misma. Lucía perfecta y tenía una sonrisa cómplice que la hacía parecer intocable. Pero Elias, tranquilo y concentrado, tomó asiento, sintiendo el peso de la ocasión.
Se aclaró la garganta y miró fijamente