"Me alegro de verte, Elias", comentó Callum, aunque su voz denotaba sorpresa. Se levantó y le estrechó la mano rápidamente. Pero la bienvenida no pareció surtir efecto. Elias no le devolvió la sonrisa. En cambio, se puso serio y observó la habitación como si buscara una amenaza.
"¿Qué pasa, Elias?", preguntó Callum, sabiendo que algo andaba mal con su viejo amigo.
Los labios de Elias se unieron en una fina línea. Se acercó al escritorio y dijo en voz baja, rompiendo la tensión: "Has estado dema