64. CONTINUACIÓN
VICTORIA:
Duradera. Era un cruel recordatorio de que todo esto terminaría pronto, como estaba previsto, y posiblemente con más daños de los que alguno de nosotros podría prever. Ricardo, sin titubear, agradeció el comentario. Yo hice lo mismo, sin permitir que mi expresión revelara nada más allá de lo que debía. Y así continuó la velada, con ambos ejecutando cada movimiento con precisión, como piezas de un juego en el que no podíamos permitirnos un solo error.
Finalmente, tras lo que se sinti