111. LA VISITA DEL TÍO
VICTORIA:
El salón parecía haberse congelado. Mi tío no respondió enseguida; me miró en silencio. Movió los papeles que tenía frente a él de manera mecánica, sin mirarme directamente. Su expresión era difícil de descifrar, como si luchara entre la necesidad de decir lo que fuera que lo estaba perturbando y el miedo a hacerlo.
Ricardo apenas giró la cabeza hacia él, manteniendo los brazos cruzados, reforzando la tensión que flotaba en el aire.
—Estoy bien, Vicky —dijo enderezándose en el sil