Con la compañía de dos vasos de whisky y habiendo limado asperezas, la conversación fluyó y al cabo de dos horas ya tenían acuerdos firmados y un plan de negocios. Charles estaba particularmente serio, a pesar de la buena noticia, porque ahora tenía una espina de desconfianza clavada con la persona más cercana.
Los datos reflejados en esos documentos incluían información confidencial, ese era el propósito, debía ser creíble y lo habían conseguido de maravilla, el problema era que algunos datos