Una terrorífica idea cruzó por la mente de Charles, no era posible que él le ocasionara un infarto a su suegro, el hombre se veía joven, seguramente no tenía más de cincuenta años, y el pensamiento de que a lo mejor podía sufrir de alguna enfermedad cardiaca y esa era la razón por la que Rebecca no se atrevía a decirle nada, lo paralizó.
Gracias a todo lo bueno del universo, la situación no pasó a mayores y el señor Evans consiguió calmarse luego de unos minutos, regresando a sentarse en la sil