Rebecca decidió bañarse y perfumarse, se vistió solo con una bata de seda azul que contrastaba de maravilla con su blanca piel, dejó su cabello mojado y algo desordenado, se llenó de valor y se dirigió a buscar a su esposo en el despacho. Si este plan no le funcionaba, ella estaría en serios problemas.
—¿Estás muy ocupado? —preguntó abriendo un poco la puerta del despacho y asomando su cabeza sin atreverse a entrar del todo.
—Algo, pero dime ¿qué necesitas?
—¿Puedo pasar?
—Claro que sí, no nece