Como ya era una costumbre, Johanna y Donna estaban consolando a una muy triste Rebecca que no dejaba de llorar, las tenía muy preocupadas, ella siempre era una bomba de energía y destellos de colores, siempre riendo, bromeando, haciendo travesuras, no podía quedarse quieta nunca, y ahora, llevaba ya varios días muy decaída.
Desde que Julian había ido a buscarla a la cafetería, todo su mundo se había vuelto de cabeza, cada noticia parecía más terrible que la anterior y la pobre chica parecía no