—El señor Taylor tiene razón —Rebecca tragó el nudo que se formaba en su garganta y reunió todo el coraje que tenía, no podía mostrarse débil frente a ese hombre, no podía dejar que la afectara cada maldita palabra que saliera de su boca, tenía que despertar y asumir que ya no iba a escuchar elogios tontos ni palabras dulces nunca más, este era el verdadero Charles Taylor y no le estaba gustando para nada—. Tengo entendido que vine a firmar unos documentos que necesitan.
—Así es, pero me gustar