MARIANA
Gabi entró a mi habitación con una cara rarísima, como si hubiera visto un fantasma.
—No me preguntes por qué vengo así —dijo, dejándose caer en la cama—. Vengo por tu emergencia. Cuéntame. Rápido, que traigo la cabeza hecha un lío por… cosas mías.
—¿Qué cosas tuyas?
—Nada. Khalid. Un beso de práctica. No es nada. —Se abanicó con la mano, roja—. Es tu turno. Habla.
La miré un segundo, archivé ese "beso de práctica" para interrogarla después, y solté lo mío de corrido.
—Me acosté c