ZAYED
Estuve tres horas estacionado frente a la casa de Omar.
Con el motor apagado, del otro lado de la calle, mirando ese muro blanco y ese portón cerrado como un idiota. Esperando. Rezando por que se abriera. Por que Mariana saliera a caminar, a tomar aire, a comprar algo, cualquier cosa, y yo pudiera bajarme del auto, cruzar la calle y hablarle cinco minutos antes de que sus guardias me cayeran encima.
No salió nadie.
Ni ella, ni la niña, ni su madre. La casa entera parecía muerta detrá