MARIANA
El beso lo cambió todo.
Ya no era el del jardín, medido, con una cámara esperando. Ya no era el de la tormenta, interrumpido por un trueno. Este era un beso sin público, sin guion, sin fecha, sin miedo. Un beso que llevábamos meses debiéndonos y que por fin nos estábamos pagando, entero, con intereses.
Zayed me sostuvo la cara con las dos manos como si yo fuera algo que llevara mucho tiempo queriendo tocar y no se hubiera permitido. Yo me aferré a las solapas de su camisa, y después a é